La incompatibilidad ontológica del palamismo con el dogma católico de la simplicidad divina
Reflexión
Palamismo
Gregorio Palamás, teólogo bizantino del siglo XIV, formuló una doctrina destinada a explicar cómo puede Dios, siendo absolutamente trascendente, comunicarse realmente con el hombre. Para ello, propuso una distinción ontológica dentro del misterio divino: la diferencia entre la esencia de Dios (ousía) y sus energías (enérgeiai). Su objetivo era preservar la trascendencia divina sin negar la posibilidad de una participación real del hombre en la vida divina.
La ousía designa, en el caso de Dios, su ser absoluto, eterno, infinito e incomprensible. Según Palamás, esta esencia es completamente inaccesible a toda criatura: ni los ángeles ni los santos pueden contemplarla o comprenderla. Se trata de un "más allá de todo ser", inaccesible por definición a la inteligencia creada.
Frente a esta inaccesibilidad esencial, Palamás introduce el concepto de energías divinas, entendidas como actividades eternas, reales e increadas mediante las cuales Dios se manifiesta y comunica al mundo. Aunque no son la esencia divina, tampoco son criaturas; son plenamente divinas y, sin embargo, distintas ontológicamente de la ousía. A través de estas energías, Dios actúa, santifica y se dona al hombre. Ejemplo paradigmático para Palamás es la luz del Tabor, que los apóstoles contemplaron durante la Transfiguración: una manifestación de la energía divina, no una luz material ni una mera representación simbólica.
Asimismo, Palamás distingue dos modos del conocimiento de Dios: el apofático, que afirma lo que Dios no es, y el catafático, que afirma lo que de Dios podemos decir positivamente en virtud de su revelación. Estos dos caminos confluyen en su sistema: la esencia divina es apofáticamente inaccesible, mientras que las energías son catafáticamente participables.
Desde estos principios, Palamás afirma:
Una distinción real y eterna entre la esencia y las energías en Dios.
- La inaccesibilidad radical de la esencia divina a toda criatura.
- La posibilidad de una verdadera comunión con Dios a través de las energías increadas.
- Una apropiación de energías por cada Persona divina, sin ruptura de la unidad esencial.
El objetivo último de esta doctrina es evitar tanto el deísmo como el panteísmo, proponiendo una forma de participación sin absorción ni fusión con el ser divino.
Desde la teología católica
Desde la perspectiva de la teología católica, especialmente en la tradición tomista, el punto de partida no es la trascendencia inaccesible de Dios, sino su simplicidad absoluta. Según este principio —definido dogmáticamente por el IV Concilio de Letrán (1215) y reafirmado por el Vaticano I (1870)— en Dios no hay distinción real alguna entre esencia, atributos, operaciones o personas. Todo en Dios es uno e idéntico a su ser: su sabiduría, su justicia, su amor, su operar ad extra no se distinguen realmente de su esencia.
Por tanto, cualquier distinción que hagamos en Dios es virtual o de razón, no real ni ontológica. El intelecto humano, limitado y analógico, introduce distinciones conceptuales para referirse a lo que, en sí mismo, es absolutamente simple. Desde esta clave, el pensamiento tomista puede interpretar el lenguaje palamita de las "energías" como una descripción experiencial y mística de las operaciones divinas ad extra, que en realidad no constituyen en Dios una entidad distinta, sino que son modos de manifestación de su única e indivisible esencia.
Cuando Palamás afirma que participamos de las energías, la teología católica responde que participamos por la gracia creada, que es un efecto real pero no increado, un don sobrenatural que configura al alma con Cristo y la hace partícipe de la vida divina sin que ello implique una participación en algo distinto de la esencia divina. La gracia no es una parte de Dios ni una "energía divina" subsistente, sino una participación creada en la vida trinitaria.
En cuanto a la atribución de "energías propias" a cada Persona divina, la teología católica sostiene firmemente el principio: opera Trinitatis ad extra indivisa sunt. Las acciones divinas hacia las criaturas son comunes a las tres Personas, aunque se puedan atribuir apropiativamente ciertas obras a cada una, sin que ello implique una distinción real en el obrar divino.
¿Por qué el palamismo resulta incompatible con la fe católica?
1. Distinción real esencia/energías
Palamás postula una distinción real, eterna e increada entre esencia y energías en Dios. Esta distinción, aunque no implique "partes", introduce en el orden ontológico una composición real en el ser divino. Distingue en Dios algo que no es esencia, ni criatura, pero que sí es eterno, increado y participable: una multiplicación de lo divino, lo cual es incompatible con la simplicidad metafísica enseñada por la Iglesia.
2. Dogma de la simplicidad divina
El IV Concilio de Letrán afirma: Deus est omnino simplex (“Dios es absolutamente simple”). No hay en Él ninguna distinción real entre ser, esencia, atributos, o acciones. Toda multiplicidad en Dios destruye su unidad ontológica, y por ende, atenta contra el fundamento mismo del monoteísmo trinitario.
3. Error teológico: multiplicidad interna en Dios
La introducción de energías divinas distintas de la esencia, aunque increadas, equivale a un ditheísmo funcional, pues se reconoce en Dios una pluralidad eterna que no se reduce a las Personas trinitarias. En la lógica tomista, esto constituye una forma velada de politeísmo.
4. Confusión soteriológica
La participación del hombre en las "energías divinas" según Palamás supone una comunión en realidades increadas distintas de la esencia divina. Esto equivale, de hecho, a un tipo de panteísmo místico, pues difumina la distinción entre lo increado y lo creado. En la doctrina católica, toda participación en Dios es por la gracia creada, que procede de Dios pero no es Dios.
5. Rechazo implícito de la Iglesia
Sin necesidad de una condena nominal explícita, la Iglesia ha expresado su rechazo a la tesis palamita al:
- No incluir a Palamás en el calendario romano.
- No adoptar nunca su sistema teológico.
- Mantener con firmeza el dogma de la simplicidad divina en todo el magisterio post-tridentino y neoescolástico.
Autores como Báñez, Cayetano y Garrigou-Lagrange han refutado el palamismo por introducir distinciones reales inadmisibles en Dios.
Incompatibilidad doctrinal objetiva
La teología palamita, aunque nacida de una intención mística legítima —salvaguardar la posibilidad de una comunión real con Dios—, incurre en una formulación que contradice la metafísica católica. Su núcleo doctrinal introduce una dualidad real en Dios entre lo que es y lo que comunica, rompiendo el principio de simplicidad divina y abriendo paso a una multiplicidad interna incompatible con el monoteísmo cristiano.
Aunque no se haya emitido una condena formal a Gregorio Palamás como persona, puede afirmarse con rigor que su sistema —en cuanto postula una distinción ontológica real y eterna en Dios fuera de las Personas trinitarias— es formalmente herético. Esta calificación, referida a la proposición teológica, no prejuzga el estado subjetivo del autor. Pero desde el punto de vista doctrinal, el palamismo es incompatible con la fe católica, y debe ser rechazado como tal.
